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viernes, 17 de junio de 2011

Antes o después del dinosaurio .l.





Antes o después del dinosaurio.

El Dinosaurio de Augusto Monterroso


Augusto Monterroso es un escritor hispano americano, nacido en Honduras en 1921, a los 15 años de edad se estableció en Guatemala para después en 1944 fijar su residencia en la ciudad de México. Comenzó a publicar textos a partir de 1959, con la primera edición de "obras completas (y otros cuentos)", un recopilado de narraciones donde comienza a resaltar los rasgos únicos de su narrativa, una prosa fuerte, breve, superficialmente sencilla y culta, así como un manejo de la parodia, el humor negro y la satírica. Es considerado la máxima figura latina del microrrelato y maestro de la fabula. Abandono sus estudios tempranamente, así que su formación fue netamente autodidacta, fiel lector de los clásicos.


Aborda temáticas complejas y fascinantes, presenta una estimulante visión del mundo con una narrativa digerible y deleitante que puede satisfacer al lector mas exigente. Entre sus obras mas destacadas se encuentran, "las ovejas negras y demás fabulas", "movimiento perpetuo", "lo demás es silencio", "la palabra mágica", "viaje al centro dela fabula", "la letra e: fragmento deun diario". Se dio a conocer internacionalmente con este relato, el cual es uno de los más breves de la literatura hispana. Este texto, "El Dinosaurio", considerado el más relato corto en Latinoamérica, fue publicado en 1959 en el libro "obras completas (y otros cuentos)” de la UNAM, y no fue hasta 1987 cuando se publico en primer artículo de análisis de la obra.


Dotado totalmente de gran ingenio y una fuerza que va mas allá de su extensión, pareciera tan simple escribir una historia tan corta como esta y tal vez sea verdad, pero nadie puede negar que el relato de Monterroso parece estar lleno de una mística oculta.

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"


Vasado en algunos escritos del estudioso de Monterroso, y sobre todo de este texto en particular, Lauro Zavala. Nos describe al texto como un juego de adverbios y verbos  intercalados  para lograr un equilibrio. Existe además un ascenso en el número de silabas seguido de un descenso que da una estructura muy particular. Fonéticamente tiene una especie de melodía suave y llevadera, como un pianista que recorre de las notas agudas a las graves y regresando. No hay nada de sobra, la oración esta totalmente diseñada con palabras suaves emulando a la naturaleza. Dando así la libertad de terminar o comenzar una nueva historia.
La gran maestría de la obra para dar cabida a tantas interpretaciones con “tan poco material”, su austeridad abre la puerta a la percepción, dando también una fuerte crítica, a todo lo innecesario en la literatura moderna. Monterroso nos expresa que no es necesaria una gran extensión para un relato, si no que por el contrario, una frase justa, certera y con términos indicados, es más que suficiente. En otras palabras, se puede hacer más con menos. 


El dinosaurio” es una historia enorme cuyo cuerpo se encuentra en la imaginería del lector, que se ancla, se inicia o finaliza en aquellas siete palabras. A partir de pocos significantes se crean múltiples significados en una obra invisible. Ahora bien, si es eso lo que pretendió en su momento o no, no lo sabremos. Tal vez simplemente nos quería decir que alguien despertó en cierto lugar, y un dinosaurio, sin saber cómo ni por qué, estaba allí. Nada más y nada menos. Pero eso queda a la interpretación del lector que es dueño de la historia.

Andrés Glez.

No digo que el sexo sea malo...

No digo que el sexo sea malo…
Esteban Guillermo Hernández López

Juventud en éxtasis… Es difícil mantenerse en un terreno neutral al hablar de este libro, su titulo no refleja demasiado, tan solo espera ser un gancho poderoso para mentes poco despiertas, su trama no aporta, no incita, o siquiera inspira a seguir leyendo, en todo momento es tan solo un compendio de buenas y malas costumbres de aquello que el autor considera es una malgastada juventud. Enfrentamos desde la primera hoja una personalidad vacía, sin interés, sin capacidad de criterio y entregada a su autocomplacencia, y no hay equivocación en dudar si hago referencia al personaje central o al autor.

Capitulo tras capitulo de pobres historias cargadas de un “erotismo” barato destinado a impresionar lo que a gusto del autor son mentes jóvenes sin control hormonal y sin criterio, pero que afectan más a madres conservadoras y jóvenes realmente perdidos en el puritanismo religioso que condena la juventud como el mayor pecado de todos.

En todo momento conservador y de intención claramente moralizante, el supuesto vaivén de la historia (refiriéndonos al supuesto caos que vive el protagonista) sigue un proceso lineal claro, predecible y monótono; un hombre vive su juventud teniendo relaciones, sufre enfermedades venéreas y conoce los embarazos no deseados, el aborto, los males de la soledad y el libertinaje, y entiende tras años de penurias y experiencias el significado “real” del enamoramiento, de las relaciones, y del matrimonio. Fin.

La trama claramente aleccionadora es a mi parecer el epitome literario de todas las lecciones de educación sexual de primaria y secundaria (al menos en México), se puede considerar un logro apabullante el haber condensado cada lección de anatomía mal realizada, cada video sobre deformaciones e infecciones genitales y cada sermón sobre los peligros del libertinaje, en una sola historia tan dolorosa de leer como esas mismas lecciones.

Hay tres clases de elogios que he escuchado con respecto a este libro, primero que nada que su trama narra experiencias juveniles y familiares con naturalidad y apegadas a la realidad, porque claro, y me permito abusar del sarcasmo aquí, todos los jóvenes somos adictos al sexo y tenemos un padre perdido que nos regala un departamento y un viaje de luna de miel. Segundo que ha sido un apoyo inspirador para los padres de familia que han encontrado en él una forma de acercarse a la vida sexual de sus hijos, y claro, que sería de nosotros los jóvenes si nuestros padres no supieran todas nuestras intimidades y calentones. Tercero, quizá el mejor de todos, que si es verdad que es un libro malísimo, al menos acerca a la gente ajena a la literatura y con el tiempo a mejores libros. Pues… personalmente mis conocidos con gusto por este texto, viven enfrascados en otros del mismo autor, los únicos que he visto que han avanzado a mejor literatura tras la lectura de esto, son los que deseaban desesperadamente algo mejor que sacara Juventud en éxtasis de su sistema.

Mucho más no se puede decir de esta obra clave para la carrera de un hombre dedicado a la motivación personal barata y a las anécdotas aleccionadoras, su abordaje conservador de temas aparentemente cotidianos y sus personajes carentes de profundidad moral o de criterio ofrecen entretenimiento barato (dependiendo claro el costo del libro) y para nada trascendente a quienes encuentran motivos suficientes para pasar del primer capítulo. La profundidad y calidad de la que presumen los seguidores del autor recae quizá en hallar en una literatura de fácil lectura y carente de la complejidad de textos de Foucault sobre la sexualidad humana. Recae también en los temores propios de la juventud ante ciertos aspectos de su vida cuyo simple nombramiento aún es tabú, sin embargo este libro no es sino la misma actitud conservadora, moralista, religiosa y anticuada que convirtió la sexualidad en tabú, hablando mal, por enésima vez, de ella.

Juventud en éxtasis cumple, es un libro cargado de historias sexuales interesantes para cualquier puberto de hormonas descontroladas con temor a masturbarse porque Dios lo pueda ver, sin embargo se convierte en apenas unas hojas en una lectura peligrosa, destinada a intimidar, desvalorar e incluso, divagando un poco, satanizar aspectos naturales de la vida humana y de la juventud como lo son la experimentación, el deseo, la intimidad y la sexualidad. De hecho, libros aleccionadores y fastidiosos de esta clase resultan nocivos en el desarrollo intelectual de una persona, y este en particular ataca demasiados puntos importantes, dejando de lado los temas de sexualidad o intimidad, ataca el intelecto de cualquier lector con su trama, y espero se me perdone el termino pero no halle uno mejor, boba, sus personajes simples y absurdamente circulares, sus relaciones poco complicadas y su estilo abiertamente moralista y conservador.

Concediéndole una esperanza a esta historia, Juventud en éxtasis es un libro para madres ancianas mexicanas, quienes desean escuchar otra historia telenovelesca donde el núcleo familiar y los valores religiosos implícitos son la esperanza de una juventud descarriada e inexperta, si eso es lo que están buscando leer, felicidades, Juventud en éxtasis, es justo eso, e incluso un poco más. Al final, Carlos Cuauhtémoc Sánchez nos deja un mensaje claro y conciso dentro de una trama pobre y conscientemente unilateral. El libro, en un sentido implícito, no dice que el sexo sea malo, solo asegura que lo es. 

Epitafios adecuados

Epitafios adecuados
 Esteban Guillermo Hernández López

Definiendo la vida biológicamente, no hay quien no haya escuchado la secuencia escolar “nacer, crecer, reproducirse y morir”, sin embargo no he conocido hasta hoy una persona que no disfrute agregando algunos términos extra dentro de la secuencia, claro, todos previos a morir, ya que vivimos bajo el contrato aceptado de que la muerte se mantiene como una frontera definitiva, o al menos seguiremos bajo este entendido hasta que los raros que creen en otras realidades y apariciones fantasmales nos demuestren lo contrario.

Con este pensamiento en mente, lo realmente importante de la muerte no es su llegada a nuestra vida, sino los instantes previos a ella, o porque no decirlo más claramente, lo importante de la vida, es lo que dejamos de ella al abandonarla. Justamente eso intenta a mi parecer develar José Saramago mediante su novela Las intermitencias de la muerte, uno de los últimos trabajos de este escritor portugués, quien, fuera de los méritos que le hicieron ganador del premio Nobel de literatura, ha dejado una huella nada discreta en el mundo de la literatura del siglo XX y del XXI, este último al cual alcanzó a despedir con esta historia.

Al comienzo de la historia la muerte, sea tomada como un ente o un evento, abandona a la humanidad sin aviso alguno, y tanto niega el descanso a los enfermos y ancianos como obsequia la inmortalidad al dichoso resto de la población de aquel país sin identificar. Políticos, religiosos, corruptos mafiosos, toda calaña humana, de toda clase y situación debe enfrentar de forma diferente su condición de perpetua vida, y el escritor retrata el anhelo de ver regresar a la muerte que poco a poco va surgiendo sobre los habitantes de la desafortunada ciudad, un anhelo que termina por mostrar la importancia de la muerte dentro de una sociedad dedicada a promover la vida y el alargamiento de esta. La ausencia de la muerte es un problema para seguir viviendo, el legado y el provenir dejan de ser importantes, el futuro y la salvación eterna también, ya no hay una esperanza para los enfermos ni un consuelo para los suicidas, Saramago nos presenta en primera instancia una reflexión sobre la importancia de un fin para la vida, un fin en ambos sentidos de la palabra, pues tanto la muerte es el final de la existencia, como es el tiempo límite para hacer todo lo que se pudo o no hacer.

Se nos entrega un paseo ameno y detallado por un mundo donde la vida no es capaz por su propia fuerza de terminar, y donde lo que parece ser el anhelo de muchos, la inmortalidad, se vuelve un problema dentro de una sociedad nada diferente de las nuestras, dentro de un mundo que se ha acostumbrado a la muerte, quizá incluso con un mensaje de que los dones sobrenaturales (la inmortalidad en este caso) no son para todo mundo, y un pequeño compendio de situaciones que justifiquen esta afirmación, y además, probando que no se requieren milenios para sufrir una inmortalidad al estilo Dorian Grey o Highlander el inmortal, apenas siete meses bastan para sentir el peso de una vida incapaz de terminar.     

“Al día siguiente no murió nadie”, primera y última frase de la trama, nos ingresa en el contexto habitual de las historias de Saramago, donde un país carente de nombre, habitado por personajes de la misma naturaleza anónima sufre eventos inverosímiles para nosotros como lectores, más sin embargo creíbles, acertados, bien justificados no en causa o contexto histórico, sino en la respuesta humana ante ellos. Si algo distingue los textos de este escritor, no solo es su caótico e innavegable  estilo ortográfico (tanto por neófitos como a veces hasta por acérrimos seguidores de su obra), sino una gracia evidente para caracterizar la naturaleza humana ante historias imposibles de planear, ante los constantes ¿Qué tal si? que lanza sobre sus hombres nada preparados y en cuya piel no deseamos estar, débiles e impotentes ante la vida y sus vaivenes, que ayudan a reflexionar sobre nuestra propia condición como seres humanos.

Sin embargo el verdadero interés de la trama cae en el giro de esta, cuando a modo de una carta en un elegante sobre morado la muerte vuelve inesperadamente, y su regreso nos trae perspectivas diferentes de una historia que ya creíamos haber entendido, y los eventos ocurridos durante siete largos meses de inmortalidad se vuelven pleno contexto para una nueva historia, cuyos personajes centrales hablan de facetas humanas menos sociales y más personales, dando el giro definitivo de la trama, donde no es sino hasta terminar la última pagina que la verdadera naturaleza de ésta se revela, la importancia de la vida no se haya en su duración, los siete meses de inmortalidad no han significado nada, y la historia de una mujer y sus penurias se vuelven el nuevo centro de atención.

De nuevo todo tiene origen en un evento tan impredecible como lo fue el abandono de la muerte de sus labores habituales, y entonces la relación entre una mujer fiel a su trabajo y un chelista indiferente a la muerte o a la falta de ella nos conducen por las calles de la ciudad antes inmortal con nuevos ojos, nos lleva a la conclusión de que la relación de estos dos personajes tiene más significado que el mundo en aras de la inmortalidad del que provienen, y la volátil relación entre estos dos seres se transmuta en el epitafio adecuado de un escritor que recorría al momento de escribir esta obra el camino ineludible de la vejez.

Saramago logra en una obra dejar un mensaje de vida, un epitafio demasiado importante para ser dejado sobre una lapida de piedra, un mensaje de que la muerte solo es importante en proporción a la vida que has vivido, y todo guardado gallardamente en una breve historia de música y pasiones. De este modo Saramago deja un epitafio adecuado a su vida en una historia adecuada a su estilo, siempre constante y centrado, obsequiando al lector un mensaje que no debe ser dejado de lado ni debe tomarse como una moraleja aleccionadora; al final, lo importante de la vida no es cuanto ha durado, ni lo es tampoco burlar a la muerte o al destino, lo verdaderamente importante de la vida, es haberla vivido.